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¿Cómo sé si tengo un problema de salud mental?

Contraria a una dolencia física, la mayoría de las personas que tiene algún problema de salud mental acude al médico hasta que la enfermedad ha avanzado, e incluso muchas veces evita ir por el estigma social que representa acudir a un psiquiatra. Para Benjamín Guerrero López, jefe del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina, es necesario saber que las enfermedades psiquiátricas normalmente no dan signos hasta que hay un síntoma físico o cuando el padecimiento ya está avanzando.

Para el científico, es importante saber que “de toda la gama de trastornos mentales hay algunos que son graves, como la psicosis, entre otros que tienen algo que nosotros le llamamos insight. Pueden tener bajo insight o simplemente no tenerlo. Esto significa que no se reconoce tener un problema. El paciente no identifica que tiene un trastorno; también hay otros como la esquizofrenia o los trastornos de la personalidad. Varios de estos, sobre todo cuando son graves, tampoco se reconocen. El alcoholismo es otro de ellos. La persona no se da cuenta de que ya está tomando de más y cree que puede dejar de hacerlo, que tiene el control”.

¿Cuánto sufrimiento tengo que aguantar para decidirme a pedir ayuda?

Es difícil saber cuándo debemos pedir ayuda; sin embargo Guerrero señala: En medicina tenemos enfermedades que se van asociando al sufrimiento, al padecer. Pero no todas necesariamente lo causan. En este momento puedo tener diabetes y, como no me he checado, no me doy cuenta porque no sufro, no me está generando malestar. Imaginemos que soy un joven de 14 años y le pido a mis padres ir al dermatólogo porque tengo dos pústulas, pero ellos lo niegan porque de alguna manera eso es normal. Quizá no haya un joven que no tenga granitos. Pero ¿cuántos granitos necesito tener para que me lleven al dermatólogo o para que me digan que es acné y entonces tenga que llevar un tratamiento farmacológico? ¿Cuánto sufrimiento debo tener para recibir tratamiento?”

La valoración por un profesional de la salud mental es muy importante; no obstante, en muchas ocasiones allí estriba la dificultad porque “pensamos que no está generando ningún problema. Y quizá en ese momento está causando sufrimiento, el cual no se limita a un dolor físico, sino a sentirse acongojado, a no disfrutar las cosas, a estar preocupado todo el tiempo. Se piensan escenarios adversos todo el tiempo, por ejemplo, alguien va al cine y se preocupa por la hora en que va a terminar la película, porque un día antes cayó granizo y seguramente ese día también será así. La persona no puede concentrarse en la película porque le gana el sentimiento de preocupación”, comenta el experto.

El primer filtro

Para muchos pacientes con algún padecimiento mental, el médico familiar o el general son el primer filtro y quienes deberían ser capaces de identificar que la persona requiere ayuda psiquiátrica. Guerrero López apunta: Dicha inquietud viene desde mitad del siglo pasado, ¿qué tanto la formación médica está abarcando para que el profesional de esa área pueda entender no sólo la enfermedad física, sino también diagnosticar los trastornos mentales? Porque aprendemos mucho de anatomía, fisiología, farmacología, histología, etcétera, materias que estudiamos en la parte física, pero las horas para estudiar los problemas mentales son breves y limitadas, porque además son problemas complejos; asimismo, por ejemplo, en algunos planes de estudio sólo se dan tres semanas de psiquiatría durante toda la carrera.

“Uno sale con una idea muy pobre de lo que tiene que ser –añade el especialista– con grandes deficiencias para comprender a los pacientes. Es algo pendiente en cuanto a la formación médica, tanto en pregrado como en posgrado, porque efectivamente muchas veces el médico va aprendiendo a verlo conforme ve pacientes, pero a veces no tiene la preparación suficiente para decidir cuál es el tratamiento que necesita dar; a lo mejor considera recetar vitaminas y algún auxiliar del sueño, ya que quizá la preocupación del paciente son los dolores, o se siente cansado, quizá tiene insomnio. lo cual ayuda en el momento, pero no se ataca el problema.”

Miedo a volverse adicto

Otro estigma social cuando se accede a tratamiento psiquiátrico es volverse adicto a los antidepresivos, ansiolíticos o cualquier otro medicamento psiquiátrico. Sin embargo, es necesario que los tratamientos se tomen como los recete el especialista. “Recuerdo a un paciente con depresión que regresó tiempo después y me dijo: suspendí el medicamento que usted me dio porque fui a ver a mi médico general, le comenté lo que tomaba me pidió que ya no lo hiciera porque me iba a ser adicto”, apunta Guerrero López.

Aunque un efecto secundario de estos medicamentos es que pueden generar adicción, el especialista aclara: “En parte es desconocimiento, hay una deficiencia en la formación que incapacita al médico de primer contacto. Poder visualizar, detectar, diagnosticar y empezar a dar los primeros tratamientos, es algo que las universidades tenemos que hacer. Nos queda esta gran responsabilidad de dar más horas en el currículo a este tipo de problemas, porque son con los que también viven día a día las personas”.

Enfermedades recurrentes

Algunos pacientes tienen miedo de ya no poder vivir sin los medicamentos. Benjamín Guerrero aclara que hay padecimientos como la esquizofrenia que son permanentes, sólo se controlan; “pero no es lo mismo para la depresión, los problemas de ansiedad, porque funcionan como enfermedades recurrentes, como una gastritis. Cuando se padece gastritis, en la parte aguda todo lo que comas hace mal, hay hiperacidez, entonces hay que dejar de comer cosas ácidas o muy grasosas para que no te incrementen la molestia. Se recibe un tratamiento, pero generalmente no es de por vida. Éste será sólo por un periodo, unos meses que lo recibas y pasarás otros meses, que pueden ser muchos, en los que estés bien, estable y no necesites fármacos. La depresión y la ansiedad son enfermedades que se parecen más a esto”.

Para el especialista hay que saber que son enfermedades recurrentes. “Pueden pasar pocos o muchos meses, a veces años, y luego vuelven otra vez. El tratamiento no es una vacuna. No te inmuniza para una recaída en algún momento de tu vida de este problema. Si prometemos que con el tratamiento vas a estar bien y ya no te volverá a dar en la vida, es erróneo. Pero decir también que vas a vivir con él, dependerá de muchos otros factores, si en un momento tengo un trabajo muy estresante, hay más riesgo de una recurrencia, porque el estrés es un factor que hace que las enfermedades se vuelvan más recurrentes”.

“Estos padecimientos son muy rebeldes, y si uno suspende el tratamiento prematuramente hay más riesgo de recaída. Entonces, aunque ya te sientas bien, tenemos que mantener el medicamento durante seis meses más después de que conseguimos la mejoría para estar más seguros de que no habrá una recurrencia o recaída”, termina Guerrero López.

Fuente: Gaceta/UNAM